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Desde aquí le invitamos a zambullirse en la lectura de las historias reales mas apasionantes sobre las Almas del Purgatorio. Las hay de todas las épocas de la Cristiandad y de todo tipo de protagonista, desde una humilde pordiosera hasta un Emperador de Roma, pasando por un Papa.

A medida que consigamos mas, las iremos incorporando.

Puede descargarlas en PDF, pulsando AQUÍ

Recuerde si quiere aumentar su piedad, pídaselo al Sagrado Corazón:

Para facilitar la búsqueda, en el cuadro adjunto aparecen los títulos de las historias. Pinchando en cada titulo, se remite a la historia.

Barón

En el siglo XXI

Odilon

Remordimiento

Visita al Purgatorio

Brígida

Gertrudis

Paluzzi

Santa Perpetua

Zamora

Carmelo

Hermana Paula

Pamplona

Soldado Brigitte

Gonzaga

Dagoberto

Hermanos Menores

Pintura

Tolomeo

Tía

Rosario

El Peso de una oración

Donativo

Rey Sancho

Cracovia

Ricos

Sirvienta !!

Madre Mariana 

 Madre Mariana 1 

 

Emperador

Maria Oingnies

Prostituta

2005 Caracas

Inocencio III

 

MADRE MARIANA 1: Madre Francisca de los Angeles -esa mi Esposa fiel-, en quien imprimí secretamente mis llagas, verdadera hija que el Serafín Llagado -Francisco de Asís-, entregará el día 4 de octubre, a las cinco de la tarde, su vida terrena para ingresar a la Eternidad. Ocho meses apenas de peregrinación y después el Cielo. Ella no debe siquiera ver el  Purgatorio, y para purificarse después de su camino, padecerá durante  tres meses (del amanecer del 1 de julio hasta terminar el 30 de  septiembre) tormentos indecibles en el alma, tentaciones de toda  suerte y contra todas las virtudes, siendo las más dolorosas aquellas  contra la fe, contra la santa pureza, porque éstas no le serán muy  manifiestas, pero sí muy sensibles, en virtud de su candidez y castidad  de alma.  En ese período, tan aflictivo para esta amada Esposa mía, llenará su  alma de grandes méritos. Porque cuando a algunas almas muy queridas  de mi Corazón doy el Purgatorio en vida mortal, es para que la  purificación venga acompañada de méritos, lo que no ocurre en el  lugar de expiación, fuera de la vida mortal, donde las almas rescatan  las faltas cometidas sin adquirir ningún merecimiento personal, a la  espera, como mendigos indigentes de la caridad de los sufragios de  la Iglesia Militante.  Y, como habitualmente sobreviene el olvido de aquellas que sufren  en la Iglesia Paciente (Purgante) allí tienes, a tu vista, esa ciudad de  fuego, llanto y dolor, compuesta por ese incontable número de espíritus,  de toda edad, sexo, condición y estado que estuvieron en la  vida terrena, sufriendo lo que para los mortales es incomprensible.  Mas, siendo ya almas confirmadas en Gracia, poseen esa paz, esa  resignación, esa paciencia admirable, que glorifican a Dios, su mayor  padecimiento es ese mismo amor sobrenatural de su Dios y Señor, y  el deseo de contemplarlo cuanto antes en el Cielo y de permanecer  siempre en su compañía".  Levantando la vista, la Santa Monja española divisó esa ciudad tan  poblada de espíritus afligidos por tormentos indecibles que le pedían,  éste, una oración, aquel, una penitencia, y todos, con los brazos en  alto, sufragios. Su corazón compasivo se dolió de esos seres sufridos  y les prometió que en el poco tiempo que le quedaba de vida haría  todo cuanto estuviese a su alcance para aliviarlos e introducirlos en  el Cielo a cuantos pudiese.  Continuó hablando el Niño Jesús:  "Madre Francisca de los Ángeles no podrá estar aquí ni un instante,  ni tú tampoco, porque me amaste con toda el alma durante la vida y  no me relegaste a las criaturas, ni las hicisteis rivalizar conmigo. La  concupiscencia de la vista, ni la concupiscencia de la carne, ni la  soberbia de la vida no mancharon vuestras almas.  Durante el intervalo de los ocho meses restantes, di a mi hija  Francisca que se prepare con alegría para entrar, finalmente, a la  Patria Celestial, terminando su destierro, dándome por esto repetidas  gracias.  En el tiempo de su purificación, los tres últimos meses, ayúdala con  tus oraciones, penitencias, consejos; dilata aquel corazón, anima a  aquella alma, ampara a aquel espíritu fuertemente probado con grandes  tribulaciones.  Yo daré unción a tus palabras y luz clarísima, para que conozcas sus  penas interiores y veas cómo las almas justas se purifican antes de  entrar en el gozo eterno, restituido hasta el último maravedí". 

MADRE MARIANA:  El 2 de noviembre de 1634, Madre Mariana oraba desde muy por la mañana y con humildes, al par que exigentes oraciones, pedía al tiernísimo Corazón de su Divino Esposo, que alivie las penas de las santas almas que estaban purificándose en el lugar de expiación, y que a un número considerable de ellas las introduzca por fin en el Cielo. Con este fin pasó toda la noche hasta las tres de la mañana en oración y austera penitencia. A las cuatro de la mañana dio principio al rezo del Oficio Parvo con su Comunidad y durante todo él, sin dejar de rezarlo, le hizo ver el Señor las penas de las santas almas que se purificaban. Vio las penas de daño y sentido en mayor intensidad y profundidad, que padecían más los Sacerdotes y Personas Religiosas que los seglares del mundo, manifestándole al mismo tiempo que la Justicia Divina era así glorificada, porque a los primeros da más luces, Gracias e inspiraciones por la sublimidad de su vocación sacerdotal y religiosa y que por lo tanto "a quien mucho se le da, mucho se le pedirá", y a los segundos menos, porque la vida secular tiene, sí, sus Gracias sublimísimas pero nada semejante al estado perfecto. Conoció las particulares penas de las almas de los Sacerdotes, que siendo Religiosos dejaron sus Conventos y se afiliaron al Clero secular, sólo y tan solo por no estar radicados en la sólida humildad; la única que sostiene a Frailes y Religiosas en la vida religiosa. Lo demás son vanos pretextos, con los cuales se acalla al mundo, perdiendo para la Eternidad muchísimos grados de Gloria. También le fue revelado el número de Sacerdotes que habían de condenarse, unos por la apostasía, y otros, porque degradándose de su divina vocación se mancharían y morirían en su pecado. Vio también el Purgatorio y menguada Gloria de esta clase de Sacerdotes, los cuales se arrepintieron, enmendaron su vida y se salvaron. Todo esto constituyó para esta alma seráfica un profundo y amargo penar; nueva espina que Jesús clavó en el corazón de esta alma grande, para que con su dolor constante, desagravie al Señor por los pecados de sus Ministros y allegados. humilde sirvienta, cristianamente educada en su pueblo

SIRVIENTA: Una humilde sirvienta, cristianamente educada en su pueblo, había adoptado la buena costumbre con sus ahorrillos, pedir cada mes una misa por las almas del purgatorio. Encontró trabajo en Paris, y allí tenia a gala asistir a las misas que ella encargaba por las ánimas benditas, especialmente por aquellas que solo necesitaban un “empujoncito” para salir del purgatorio. Dios la puso a prueba permitiendo que no solo contrajera una grave enfermedad, sino además que fuera despedida de la casa donde servía. Rápidamente se quedó sin fondos, y cuando salió del hospicio solo le quedaban 20 céntimos (de 1.865). Después de rezar ferviente y confiadamente,  se dirigió hacia una agencia de “empleo” al otro lado de la ciudad. En el caminó acertó a pasar delante de la iglesia de San Eustaquio, y entró en ella. Al ver un sacerdote celebrar misa se acordó que ese mes no había encargado ninguna misa. ¿Qué hacer: comer o pedir una misa? Fue un duro combate entre la devoción y la prudencia humana. Al final fue la devoción la que ganó, pues pensó: “Dios ya sabe que este sacrificio es por Él y por las ánimas, así que no me abandonará”. Entró pues en la sacristía, encargó la misa, asistió a ella con gran devoción, y se fue a la cita que tenía, pensando en que podría comer si no le salía ningún trabajo.

En esto que se le acercó un joven, pálido, con aire muy distinguido que le dijo: ¿busca usted un empleo?. Sí señor, respondió ella. Él le dijo: vaya a esta dirección, pregunte por Doña XXX, pues creo que a ella le convendrá, y desapareció entre la muchedumbre. Ella fue a la dirección señalada, encontrándose con una sirvienta que salía airada con sus maletas de la casa. Ella le preguntó: estará la señora? A mí que me importa! Si quiere abrir ya lo hará ella sola! le espetó la sirvienta malhumorada. La muchacha tocó el timbre, abriéndole una señora de aspecto venerable. “Perdone, señora, me han dicho que usted buscaba una sirvienta, por eso me permito proponer mis servicios, pues además me han asegurado que me acogerá bondadosamente”. La señora contestó: esto que me comenta me llena de admiración, pues esta mañana no necesitaba a nadie, y solo hace media hora que he despedido a la anterior sirvienta. ¿Cómo os habéis enterado y por quien?  Respondió la sirvienta: es un joven caballero que encontré en la calle y me dijo donde debía acudir, y la verdad doy gracias  a Dios, pues necesito un trabajo para comer.

 Mientras la dama se deshacía en conjeturas de cómo podía haberse enterado la muchacha, ella le dijo: mire señora, el caballero que me avisó es ese del cuadro de esa pared. Vengo de su parte. Al oír eso la señora casi se desvanece y le preguntó exactamente por lo acontecido, abrazándola al final del relato diciéndole: sabed hija mía, que ese caballero es mi único hijo, fallecido hace dos años. Es gracias a usted que ha podido salir del purgatorio, al que Dios ha permitido manifestarse para ayudarla a su vez. Bendita seáis, pues a partir de ahora os tendré por hija, y ambas rezaremos por las ánimas.

HISTORIA DE NAVIDAD: Hola a todos: me llamo Jesús, el pasado sábado 25 de Diciembre fue mi cumpleaños! Yo estaba muy contento, pues todo el mundo parecía enloquecer con la idea. Por muchas partes del mundo la gente se deseaba feliz navidad, paz, amor, felicidad, .... todo ello por mi cumpleaños! Creí durante tiempo que alguien me iba a invitar a su casa a pasar la navidad para celebrar MI cumpleaños. Pero nadie me invitó, otro año más me encontré solo, muy solo. Aun así quise invitarme yo a alguna casa. Elegí la casa que mas probabilidad tenia de acogerme, de desearme de corazón !feliz cumpleaños¡. ¡Era tu casa! Todo el mundo estaba muy contento, se comía y bebía mucho, había muchos regalos, ..., que felicidad! Yo, como niño que soy estaba muy ilusionado por todo esto, y aun pensaba que alguien se iba a acordar de Mi, pero pasaron las horas, la gente se fue a dormir, y nadie se acordó de mi! ni un regalito, ni una mirada, ni siquiera un trocito de papel de regalo: si yo me conformo con muy poco! Pero nada de nada! También estuve atento por si alguien se acordaba de mi mamá, pero tampoco se acordaron de mi mamá! Me fui llorando de tu casa, pues no te acordaste de mi, ni tus hijos, ni nadie. Ni siquiera de mi mamá. Con acordarse de mi mamá me hubiera valido, pues Ella es maravillosa, cariñosa, muy bondadosa, quiere a todo el mundo, llora mucho cuando alguien me hace daño, y aun así siempre me pide que le perdone! Otro año más, derechito a la Cruz. ¿Porque la obra maestra de Mi creación me odia tanto?. Si yo lo hice todo por Amor! Hasta el año que viene. Por lo menos espero que los que leáis esta historia os acordéis de vuestros padres, hermanos, hijos, .., que están preparándose para Verme y recen un poquito por ellos. Al menos ayudarles a ellos para que me quieran pronto en el Cielo. Es tan sencillo hacerse Cofrade. Gracias. Fdo: Niño Jesus.

ROSARIO: Parece ser que las rosas son muy útiles para la salud del cuerpo. Pues lo mismo le pasa al Rosario para la salud de nuestra alma. Procura una felicidad espiritual a los que son devotos, y es muy necesario para curarles del pecado y de disminuirles los dolores que merecerían en el purgatorio. En el reino de Aragón (España), una joven llamada Alexandra, asistió a las predicaciones de Santo Domingo y decidió entrar en la Cofradía del Santo Rosario. Pero, sumida en la vanidad del mundo, olvidaba rezar el rosario a cambio de pasar horas delante del espejo o en conversaciones mundanas e inútiles. Como era muy hermosa, más de algún joven comenzó a rondarla. Sobre todo había dos jóvenes que la pretendían mas asiduamente, hasta tal punto que se batieron en duelo por ella. La joven presenció el duelo para decidir cuál de los dos era el vencedor, pero a la señal de comienzo, los dos jóvenes se abalanzaron con tanta saña el uno contra el otro, que cayeron ambos mortalmente heridos, falleciendo los dos al poco rato. Lógicamente el duelo y su resultado causó gran revuelo en la comarca y gran dolor a ambas familias, hasta tal punto que se unieron para castigar a la causante, por sus coqueterías y devaneos, del drama. Le propinaron tal paliza que dejárnosla moribunda en el suelo, bañada en sangre. Ella suplicaba que antes de matarla, que al menos la dejaran confesarse, pero furiosos ellos se cegaron más todavía y de un sablazo le cortaron la cabeza. Para escapar de la justicia, arrojaron el cadáver a un pozo y se marcharon corriendo.

Sin embargo, la Santísima Virgen quiso recompensar los pocos actos de piedad que la pobre muerta había tenido hacia Ella: hizo saber a Santo Domingo, que se encontraba en otra ciudad, todos los detalles del crimen. Al cabo de unos días el santo fue directamente al pozo, y después de orar fervientemente, llamó a la doncella. Al instante, salió entera del pozo, toda ensangrentada y postrándose a los pies, bañada en profundas lágrimas de dolor y arrepentimiento se confesó, dando gracias del gran favor que Dios le había hecho. Vivió dos días más para rezar los numerosos rosarios que Santo Domingo le había impuesto por penitencia. Fueron a verla de muchos lugares, y ella no cesaba de predicar y recomendar la devoción a María, que la había salvado del infierno. Interrogada por Santo Domingo sobre lo que le había pasado al morir, contó tres cosas muy importantes: la primera, que gracias a los méritos de los cofrades del Santo Rosario, había podido tener una contrición perfecta, gracias a la cual no fue condenada al infierno, la segunda que cuando le estaban cortando la cabeza pudo ver un tropel de demonios repugnantes que querrían llevarla al infierno, pero que la Virgen había acudido para salvarla, y la tercera que había sido condenada a 200 años de purgatorio, por haber causado la muerte de los dos jóvenes, más otros 500 años por haber sido causa de pecado para muchos a causa de sus coqueterías. “Espero que los miembros de la Cofradía a la que he pertenecido, para honrar a María, recen por mi y estos ochocientos años sean disminuidos.  Falleció de nuevo con sentimientos de onda piedad. Santo Domingo hizo tantas penitencias, oraciones, donativos, ayunos e hizo hacerlo a tantas personas que a los quince días se apareció la doncella resplandeciente y le dio las gracias efusivamente. Añadió que las otras almas del purgatorio le comunicaban que no dejaran de tener una gran devoción al Rosario, que tantos alivios le procuraban. “Que las cofradías del Santo Rosario aplicaran las indulgencias a esas pobres almas, pues no perdían nada, pues estas almas intercederían a su vez por los orantes”. Santo Domingo, encantado de escuchar esta revelación, trabajó con más ahínco todavía para propagar la devoción al Rosario. Nosotros, después de escuchar este relato y de recordar las peticiones que hizo Nuestra Señora en Fátima, no tendremos perdón de Dios, si no rezamos el Rosario a diario.

EL PESO DE UNA ORACIÓN: San Juan Crisóstomo proclamaba la bondad y la eficacia de las oraciones fervientemente realizadas en comunidad. Los ojos del Señor se abren sobre los justos y sus oídos se abren atentos a sus oraciones. Dijo también que estaría con aquellos que así lo hicieren. Un hombre bastante rico murió, y su hijo fue inmediatamente a una Cartuja, conocida por el difunto padre y su hijo. Se presentó al Prior y dándole una cantidad de dinero (en aquel entonces en monedas), pidió que toda la comunidad rezara por su difunto padre. Al instante los monjes se retiraron en la iglesia, recitaron un simple “Requiescat in pace” y siguieron con sus quehaceres. El joven se acercó al prior, al salir de la iglesia, y de forma respetuosa dijo: “¿solo estas palabras para el alma de mi padre, después del generoso donativo que acabo de hacer?”. El prior replico: ¿pone usted en la misma balanza su oro a las oraciones de mis religiosos, por cortas que sean?. El joven contestó: no lo pongo en duda, sin embargo estimo que estas palabras son poca cosa en relación a lo que yo he hecho para el convento. – Veo que dudáis todavía, joven! Contestó el prior. Aguardad un poquito y veréis el error que cometéis. Mandó escribir en un trocito de papel, a cada fraile, las palabras “Requiescat in pace” y poniendo en una balanza el oro del joven y en el otro platillo los papelitos, pudo verse como el peso de los papelitos subieron el oro como si fuera una pluma. A la vista de tan singular prodigio, los asistentes se persignaron y bendijeron al Señor por hacerles ver a todos el precio de la más insignificante de las oraciones dichas por ellos. El joven, llorando de emoción, pidió perdón por su falta de fe. Hizo tallar en la lápida de su padre las palabras REQUIESCAM IN PACE.  Dios quiera que no tengamos las mismas dudas que ese joven!

DONATIVO: La Sagrada Escritura nos dice que quienes socorren a los pobres serán liberados por Dios cuando vengan días aciagos. La Iglesia, en el oficio de difuntos, aplica esas palabras a los que liberan almas del purgatorio. Guillermo FREYSEN, conocido librero de Polonia, escribió esta carta al padre Jaime de Monfort (SJ): “ le escribo para hacerle partícipe de la doble y milagrosa curación de mi hijo y mi mujer. Estaba leyendo el libro que usted me dio sobre la devoción a las almas del purgatorio, cuando me avisaron que una súbita y grave enfermedad estaba atenazando a mi hijo, hasta el punto de estar agonizante. Los médicos desesperaban y ya se hablaba de funerales. Me vino la idea, gracias a la lectura de su libro, que tal vez podría salvar a mi hijo, por un voto hecho a las almas del purgatorio. A la mañana me dirigí a una iglesia y prometí distribuir gratuitamente cien ejemplares de su libro, para aliviar a los difuntos, si mi hijo se curaba. Cuando volvía de casa, mi hijo ya estaba mejor, hasta pedía comida, y eso que llevaba varios días sin ingerir ni una sola gota de agua. Al día siguiente estaba totalmente curado. Repleto de alegría y reconocimiento distribuí los cien libros prometidos. Tres emanas después, mi esposa fue presa de unos temblores que agitaban todo su cuerpo. Al poco tiempo perdió el habla, y los médicos pronosticaron su certera muerte. Volví de nuevo a la misma iglesia y esta vez hice el voto de distribuir otros doscientos ejemplares del mismo libro, afín de agrandar la devoción a las almas del purgatorio a más personas. Después de este profundo acto de piedad y de fe, cuando regresaba a casa, se acercó a mí una persona del servicio doméstico, anunciándome que el delirio había pasado y que ya hablaba con facilidad. Un poco más tarde, ya restablecida del todo, ella  fue conmigo a la iglesia para dar gracias a Dios. Por supuesto distribuí los 200 libros prometidos. Puede creer totalmente este prodigio que firmo y rubrico poniendo a Dios por testigo. Ayúdeme, se lo ruego, a dar gracias al Señor por este doble y gran milagro”. No tengamos pues vergüenza ninguna en distribuir cualquier tipo de documento, libro, web, que propague la devoción a las almas del purgatorio. La rentabilidad está garantizada en al menos 100 a 1, cuando no la vida de un ser querido.

REY SANCHO: La caridad hacia las ánimas benditas es importante, pero más si cabe por nuestros parientes, amigos y benefactores. La reina Goda, esposa del rey Sancho de León, nos da un buen ejemplo. Este rey acaba de cercenar una revuelta llevada a cabo por unos cuantos nobles ambiciosos. Pero el jefe de la revuelta, no pudiendo resistir a la fuerza recurrió al engaño y perfidia. Se arrojó a los pies del Rey Sancho solicitando su perdón, y al obtenerlo preparó su alta traición: presentó al monarca comida envenenada. Apenas el Rey Sancho la hubo probado quiso regresar a León, pero murió en el camino. Su pobre esposa quedó absolutamente dolida, no cesando de llorar la muerte de su esposo, víctima de una vil perfidia. Pero como ante todo era buena cristiana, rezó e hizo rezar por su regio esposo. Su cuerpo fue trasladado al castillo, celebrándose numerosas misas por el difunto. No queriendo estar lejos de su esposo, abdico de sus cargos de reina y se hizo religiosa. Tanto de día como de noche rezaba ardientemente por su esposo, en particular los sábados, día consagrado a la Madre de Dios, redoblaba de piedad y ayunos con tal de liberar al Rey Sancho de purgatorio, si todavía estaba allí. Un sábado, estando arrodillada delante del altar de la Virgen, rezándola fervientemente, se le apareció su esposo. Estaba cubierto con ropa de duelo y atado doblemente por cinturones de fuego. “ay! Díjole, si pudierais ver mis crueles tormentos, cuanto más rezaríais por mí! Socorredme, pues estas llamas me devoran”. La reina multiplicó sus oraciones, ayunos y sufrimientos y pidió a las otras religiosas que también lo hicieran. Durante cuarenta días, rezó y  lloró abundantemente, hasta que al cabo de esos cuarenta días se volvió aparecer su esposo, lleno de gloria y vestido de un manto precioso, que otrora la reina había dado a una iglesia, y que milagrosamente Dios había aplicado a la salvación y triunfo del rey Sancho. “Estoy aquí, díjole felizmente, libre y sin sufrimientos. Meditad las penas de la otra vida, y sobre todo las glorias del  Paraíso, en donde os espero y seré vuestro protector”. La reina alzó el brazo hacia su esposo, no lo pudo tocar, pero si alcanzó el maravillosos manto  que volvió a dar a la iglesia del monasterio de San Esteban, pues efectivamente había desaparecido. Este manto fue conservado con mucho celo en el monasterio; el abad y los monjes constataron la autenticidad del manto y certificaron la autenticidad de la historia.

¿seremos capaces nosotros de hacer tanto, y con tanta fe, por nuestros esposos o esposas?

CRACOVIA:  Puestos a elegir, es mejor morir en gracia de Dios, aun a riesgo de merecer un purgatorio sufrido, que correr el riesgo de condenarse. Esto es lo que ocurrió en Cracovia en el año 1070. San Estanislao, obispo de esa ciudad, había comprado a un agricultor llamado Pedro, un terreno para construir una iglesia, pagándolo sin exigir recibo alguno, pues confiaba plenamente en él. Murió, y sus herederos, aprovechando que el rey Boleslas, príncipe injusto y cruel, estaba muy disgustado con el santo por los reproches públicos que este le hacía, en particular por su escandalosa conducta, acusaron al santo de apropiación indebida. El rey feliz por este hecho, condenó al santo a pagar de nuevo el terreno. San Estanislao, inspirado por Dios, que si no podía haber justicia con los vivos, la habría con los muertos. Pidió pues al rey tres días de plazo para presentarle el testimonio del difunto Pedro. El rey le concedió ese plazo, pues ya sabía que el difunto estaba muerto desde hacía bastante tiempo. San Estanislao regresó a su casa, y solicitó a todos los sacerdotes que rezaran y ayunaran durante tres días, afín de obtener de Dios la defensa de esa causa. El tercer día, después de haber celebrado una misa solemne, si quitarse los ornamentos pontificales, se dirigió hacia el cementerio, seguido de sus sacerdotes y del pueblo. Al llegar al camposanto, ordenó cavar la tierra y abrir la caja. Solo contenía huesos sin forma. El santo obispo se arrodilló y pidió al Señor hacer un milagro delante de todo el mundo, para mayor gloria de Dios y por el triunfo de la verdad, y tocando con su báculo la osamenta dijo: “huesos disecados, escuchad la palabra de Dios! En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, vivid y dar testimonio de la verdad”. Automáticamente la osamenta se movió, volvió a rellenarse de carne y animándose el cuerpo de Pedro, salió de la tumba, avanzando hacia el obispo, que le condujo primero a la iglesia para dar gracias a Dios, y luego al tribunal. El rey, príncipes y tribunal se encontraban en él esperando al santo. Les anuncian que viene el obispo, seguido del clero, el pueblo y Pedro resucitado! El rey se mofa incrédulo, pero cuando el prelado entró en la sala le dijo: “aquí le traigo, majestad, el hombre que me vendió la tierra. Interróguele, y hablará el mismo. Podrá decirle si de verdad he comprado y pagado su terreno. Dios le envía para destruir la impostura de sus sobrinos”. Pedro, elevando la voz, atestiguó que efectivamente había vendido esa tierra al prelado y que este la había pagado. Dijo posteriormente a sus tres sobrinos, que estaban presentes, que pronto tendrían una desdichada muerte si insistían en quedarse con aquello que no era suyo. La asistencia estaba clavada en el suelo de estupor y de terror. El santo preguntó al resucitado si querría vivir algunos años. El contestó que no, que prefería seguir muerto en lugar de arriesgarse en una vida miserable que podía ofender a Dios. Declaró que su alma aun estaba en el purgatorio, pero que, a pesar de los sufrimiento que aún le quedaban por padecer, prefería eso al temor de ofender mas a Dios. Rogo al santo y a los asistentes que rezaran por él para aliviar su purgatorio. Posteriormente se dirigió de nuevo al cementerio para volver a tumbarse en la tumba, volviendo a recuperar el estado en que lo encontraron horas antes. Como podéis imaginar este portentoso milagro ayudó a muchísima gente en su conversión, aunque no sabemos si los tres sobrinos hicieron caso a su tío, o por el contrario perseveraron en el error.

 

RICOS: Zaché, que recibió a Nuestro Señor en su casa nos muestra cómo puede cambiar los bienes adquiridos inmoralmente en méritos para la otra vida. Son muchos los malos ricos, gracias a su ejemplo, que se empobrecieron y se deshicieron de su fortuna para adquirir los tesoros de la gracia. En una ciudad de Hungría, un solado de costumbres sanguinarias, llamado Clemente, había cometido un homicidio para satisfacer la venganza de otra persona, que le recompensó con una gran cantidad de dinero. No obstante, al poco tiempo, le entró a Clemente un temor elevado y profundos remordimientos, hasta tal punto que acudió a un confesor, y poniéndose a su pies, bañado en lágrimas de arrepentimiento, le confesó el crimen cometido. Obtuvo el perdón e hizo el voto de emplear los doscientos florines que había recibido por su crimen, para hacer una escultura de Nuestra Señora de los Dolores (como la Pietá), y encargar tres misas y prender 12 cirios delante del Santísimo. Pero tardó demasiado en cumplir su voto y se murió sin hacer las cosas que había prometido, descendiendo al purgatorio para bastante tiempo. Al cabo del tiempo, Nuestro Señor permitió que el desdichado se apareciera a una piadosa niña, llamada Reina. Se presentó a ella y le dijo: “ os suplico, sierva de Dios, encontrad a mi mujer que os dará doscientos florines. Es el precio de sangre. Con ese dinero, realizareis un voto que hice en vida: haréis esculpir una estatua de Nuestra Señora de los Dolores, haréis decir tres misas y prender doce cirios delante del Santísimo; lo que quedare de los 200 florines lo daréis a los pobres. Con esto podré liberarme de los crueles tormentos a los que estoy sometido por mis culpas”. La piadosa doncella , por algún motivo incomprensible no quiso cumplir la petición. El difunto se le apareció otras dos veces, conjurándola por el amor de Dios que le hiciera caso. Ella respondió que no lo iba a hacer, que detestaba los asuntos de dinero, y que la dejaran en paz. “Bien, contestó el ánima, pues sabed que no os dejaré tranquila hasta que lo hagáis, estéis donde estéis, pues Dios solo me ha permitido dirigirme a usted”. Al final se corrió el rumor de estas apariciones, llegando al oído de un notable de la ciudad. Este hombre, conmovido por la historia decidió realizar el voto de Clemente por su cuenta. Buscó a un escultor y le encargó la estatua con la petición expresa de hacerla rápidamente, dejando todo el resto de sus trabajos. Este escultor no tenía en su taller la madera adecuada para el encargo, así que fue al bosque para encontrarla. Después de haber buscado mucho, se le acercó un anciano de blanco pelo y bastón, que le dijo: ¿Dónde vais y que buscáis?. Busco una buena madera para hacer una talla de Nuestra Señora de los Dolores, y hasta ahora no lo he encontrado. Ora son demasiado blandos ora son demasiado duros. No busquéis más! Contestó el anciano, yo os conduciré en donde hay esa madera. Id por aquí, en medio de ese claro del bosque, a mano derecha encontrareis un árbol cortado hace cuatro años. Está bien seco, duro y maleable. Es lo que os hace falta. Mientras el artesano recogía la madera pensó que ese anciano se parecía bastante al difunto Clemente. Se puso manos a la obra y en poco tiempo terminó el encargo. El notable que había realizado el pedido la encontró prefecta y dijo al artesano de ir a su casa para buscar el dinero del encargo. Sin embargo, Clemente se apareció de nuevo a Reina, y le dijo que era necesario que el pago de esa estatua se hiciera con parte de los 200 florines recibidos en pago del asesinato, y que  si la familia hubiera gastado ese dinero, que vendieran lo que fuere para recuperar esa cantidad, pues de los contrario no conseguiría aliviar su pena. Esta vez la doncella obedeció, mandó llevar la estatua  a su casa donde la dejo en un altar y a los pies de la estatua los 200 florines. Al poco se apareció de nuevo Clemente a Reina, pero ya radiante y glorioso, dando gracias a todos. Recordó que había que dar tres misas y prender doce cirios a los pies del Santísimo, y desapareció. Los sacerdotes que bendijeron la estatua contaron que durante la ceremonia escucharon una voz llena de alegría que cantaba: “O Dios mío, mi Señor, sois mi consuelo y refugio; sois mi fuerza y esperanza; ahora entro en la felicidad eterna que habéis reservado para los que os aman”. Hermosa acción de gracias, que bien podríamos utilizar nosotros para agradecer toda la clemencia y dulzura que muestra Nuestro Señor con las Animas Benditas.

 

GONZAGA: el padre François-Gonzaga, desde el obispado de MANTUA relata un hecho del mismo género en su libro del origen de la religión Seráfica (IVè partido, n 7). El Hermano Juan de Via, franciscano de un gran mérito, enfermó y murió en un convento de las islas las Canarias. Su enfermero, hermano Ascensión, muy avanzado, él también, en la perfección religiosa, rezaba por el descanso de su alma, cuando percibió delante de él a un monje de su orden, totalmente bañado por rayos de luz, que llenaban la celda de una dulce claridad; el hermano asustado, no reconoció la aparición y no se atrevió a pedirle su nombre; se renovó así, una segunda y una tercera vez. Al fin, el hermano Ascensión se atrevió  a preguntar: - " ¿ quién es y que desea? ¿Por qué viene  Usted tan a menudo en este lugar? Le conjuro, en nombre de Dios, responderme. " - " Soy, responde el espíritu, el alma del hermano Juan de Via, que le estoy muy agradecido por las oraciones que usted hace en mi favor. Vengo a decirle que, gracias a divina misericordia, estoy en el lugar de salvación entre los predestinados a la gloria, y estos rayos son una prueba, sin embargo todavía no he sido considerado digno de ver la cara del Señor, a causa de una falta que debo expiar. Durante mi vida terrestre, olvidé, por mi culpa, el rezo de ciertos oficios para los difuntos, a los que estaba obligado por la regla. Le conjuro, en nombre del amor que usted tiene como Jesucristo, procurar que estos oficios sean dichos para mí, con el fin de que pueda gozar de la vista de mi Dios”. Hermano Ascensión corrió para contarle su visión al padre guardián; se afanaron todos en hacer los oficios solicitados y tan pronto fueron terminados el alma del hermano Juan de Via, se mostró de nuevo, pero mucho más brillante todavía; estaba en posesión de felicidad completa.

TÍA: el día de todos los Santos, una joven chica de una piedad y modestia difícil de encontrar vio aparecer delante de ella el alma de una dama que conocía, muerta un poco antes; le hizo saber que sufría sólo la privación de Dios, pero añadió que esta privación era para ella un suplicio intolerable. Se le mostró así muchas veces, y casi siempre en la iglesia, porque, no pudiendo ver a Dios cara a cara en el cielo, se quería indemnizar contemplándolo por lo menos bajo las especies Eucarísticas.

Además, era impresionante ver la  adoración profunda y el respeto ilimitado en la iglesia. Cuando prestaba asistencia a divino sacrificio, en el momento de la elevación, su cara se irradiaba de tal modo que se parecía a un serafín bajado por el cielo; la joven chica estaba allí llena de  admiración, y declaraba jamás haber visto nada tan bello. Cuando su amiga comulgaba, esta alma también le acompañaba al comulgatorio y quedaba cerca de ella todo el tiempo de su acción de gracias como para participar en su felicidad y gozar de la presencia de Jesús. Estaba vestida de blanco, un velo del mismo color en la cabeza, y aparecía habitualmente con un rosario largo en la mano, firma de la devoción tierna que siempre había profesado para la Reina del Cielo.

Un día en que la joven chica, con algunas compañeras, decoraba el altar de Nuestra Señora, después de haber acabado su tarea se inclinaron  para besar los pies de la estatua; habiéndola abrazado dos veces, la segunda para su amiga del otro mundo vio como el alma se lo agradecía con gran cariño. Aquel día supo que el alma había prometido hacer decir tres misas en el altar de la Virgen y no había podido cumplir su promesa. Le pidió que las mandara decir, y le pidió que nunca prometiera a Dios cosas que no estuviera resuelta a cumplir, pues la justicia Divina era estricta a ese nivel.

También le exhorto que fuera particularmente devota a Nuestra Señora, en particular a sus Dolores, y que cuando viera imágenes de la Virgen que rezara las jaculatorias siguientes:  Mater admirabilis, Consolatrix afflictorum, Regina sanctorum omnium. También le aconsejaba ser devota de las Ánimas Benditas: ofrezca sus buenas obras, sus oraciones, sus penitencias que se lo devolverán mucho mas tarde, cuando esté delante de Dios.

Atenta a estos consejos, la chica rezaba, con los brazos en cruz cinco Pater y cinco Aves, y algún día se apareció un alma para sostenerle los brazos. Otro día cuando estaba en la iglesia, oyó en un altar lateral las campanillas de la consagración (antes del concilio Vaticano II), corrió hacia ese altar y arrodillándose, adoró a Nuestro Señor con profundo respeto.

Pasaron los días y esta alma no terminaba de entrar en la gloria: el 3 de diciembre, fiesta de San Francisco Javier, vio como el alma se quedaba con ella durante la comunión y la acción de gracias y le anunció que pronto llegaría el final. Más tarde, el 8, día de la Inmaculada volvió a verla, pero mucho más brillante, le costaba mirarla, y ya por fin el 10 de diciembre, durante la Santa Misa, vi al alma mucho más brillante aun, y pudo escuchar cómo le agradecía lo que había realizado por ella antes de subir al Cielo acompañada de su ángel de la Guarda.

 

INOCENCIO III:  Santa Ludgarda contó lo que había pasado al Cardenal Bellarmin, y este después de haber estudiado cuidadosamente la historia, autorizó a hacerla pública, pues se trataba del Inocencio III, gran pontífice que había impulsado santas reformas dentro de la iglesia además del concilio de Letrán.

EL caso que a Santa Ludgarda se le apareció un alma en pena, rodeado de llamas: ¿Quién sois, alma de infortunio?, pregunto la santa. Respondiole: soy el difunto papa Inocencio III. ¿Cómo es posible que seáis vos, con un castigo tan terrible, que tantas cosas buenas habéis hecho para la Iglesia y las almas?, inquirió la santa. Expío tres faltas por las cuales hubiera sido condenado si en el último momento la Madre de misericordia no había obtenido de su Hijo, la gracia de una contrición perfecta. Mis faltas han sido perdonadas, pero me queda sufrir la expiación hasta el final de los tiempos!! Nuestra Señora me obtuvo el favor de aparecerme ante usted para que se interese por mi suerte.

La santa puso a todo su convento a rezar por el desdichado pontífice, pero nunca supo si sus oraciones fueron suficientes para remitir tan duras penas. Es posible que, después de seis siglos!!, aun siga allí!!

 

VISITA AL PURGATORIO: Cornélie Lamprognana era una mujer santa que vivió en Milán, en la imitación de santa Francisca Romana, en la profesión perfecta de los tres estados de: virgen, esposa y viuda; estuvo unida muy estrechamente por una amistad sobrenatural, con una monja de la Tercera Orden de Santo Domingo; un día que hablaban juntas cosas de la otra vida, se prometieron que, si Dios lo aceptaba, la primera que moriría aparecería a la otra.

 Cinco años después de esta promesa, Cornélie fue llamada al tribunal de Dios, y al cabo de tres días apareció en su compañera arrodillada en su celda al pie de un crucifijo. - " ¡ O Madame Cornélie, que feliz soy de verla de nuevo! ¿ Dígame muy rápidamente dónde está? ¿ Sin duda estará en el Cielo con Dios a quién servía con tanto celo y amor? " - " no todavía, respondió el alma; ¡ oh! ¡ Que diferentes son los juicios de Dios al de los hombres! Estoy retenida en el lugar de sufrimientos, y debo quedarme todavía un tiempo, en expiación de las faltas de mi vida, pues habría podido ser más fiel y más ferviente ". Luego cogiendo de la mano a su amiga, ella añadido: " venga conmigo; usted verá cosas sorprendentes ". Llegaron en un jardín vasto totalmente llenado por viñas en flor, y en cada hoja de parra había algo escrito. " Lea, dijo la aparición ". La hermana se inclinó y a su gran sorpresa, leyó sobre estas hojas sus propias faltas, estas imperfecciones de cada día. Se quedó estupefacta y pidió lo que eso significaba. " No hay motivo, mi hermana, asombrarse así, dijo la difunta; usted no leyó muchas veces las palabras de Nuestro Señor en la Cena: ¿ soy la cepa y ustedes son las ramas? Cada una de nuestras acciones buenas y malas son una hoja de esta vid mística; para entrar en el Cielo, hace falta que todas las hojas del mal sean borradas o consumidas por el fuego: pero, querida hermana, consuélese; mirando de cerca, usted verá que le queda poco borrar, porque usted preservó  escrupulosamente sus promesas virginales, y usted sirvió su buen Dueño de vuestra mejor forma: sus faltas son todavía numerosas sin embargo, pero no tanto como las mías, porque recorrí sobre la tierra situaciones muy diferentes: ustedes van a conseguirlo rápidamente ".

Dieron algunos pasos adelante, y se encontraron de nuevo en un lugar lleno de vides que serpenteaban por todas partes, allí las hojas cubrían el suelo; la hermana se acercaba con celo para ver lo que estaba escrito sobre estas hojas. " Pare, le dice su amiga, mi Divino Salvador no quiere que usted conozca ahora todas mis ofensas; me ahorra esa vergüenza!. Lea solamente lo que es todo de usted ". Mirad, y ved las faltas en el santo lugar, las irreverencias, las distracciones, los discursos inútiles realizados en la iglesia. - " ¿ O buen Jesús, exclamó la monja, como hacer para aniquilar todo esto? ¿Por qué, después de sus comuniones, sus confesiones tan frecuentes, las indulgencias que usted debió ganar, todavía le queda por expiar tantas faltas? " - " Su reflexión es justa, pero hay que saber que, por tibieza y por rutina, no saqué todo el fruto que debía de mis comuniones y de mis confesiones: en cuanto a las indulgencias,  gané muy pocas, tres o cuatro nada más, a consecuencia de mis distracciones acostumbradas y a consecuencia de mis faltas de fervor. Hace falta pues que haga ahora la penitencia que no hice mientras lo tenía tan fácil. “

 PALUZZI: dos tipos de vírgenes, la venerable Catherine Paluzzi, fundadora de un convento de Dominicas en la diócesis de Nerpi (Estados romanos), y una monja nombrada Bernardina, muy santa también, estaban vinculadas en una de estas amistades sobrenaturales que echan raíces en el fondo de las almas cristianas, y que, en las intenciones de Dios, sirven tan maravillosamente para hacer progresar en la piedad a las que son llamadas. El historiador de la venerable compara estas dos almas nobles con dos carbones encendidos que se comunican sus ardores, o a dos liras hechas para resonar juntas y dejar oír un himno de amor perpetuo en honor del Señor; Así estas dos monjas excelentes se excitaban la una al otra para servir al Divino Marido, y, como estas amistades totalmente celestes no sabrían ser quebrantadas por la muerte, ellas se habían prometido asistirse mutuamente después de la vida, añadiendo que con permiso de Dios, la que habría entrado  primera en la eternidad aparecería a la otra, para hacerle saber su suerte e instruirla de los misterios de ultratumba.  Fue Bernardina quien fue llamada delante de Dios la primera; después de una enfermedad dolorosa, cristianamente soportada, murió, prometiendo a Catherine lo que habría pasado después de su juicio.

 Los meses pasaron, las semanas se acumularon, nada anunciaba que la difunta se había acordado de su promesa. Sin embargo Catherine redoblaba en sus oraciones, conjurando noche y día a Nuestro Señor de tener piedad de su amiga, y de permitirla venir a visitarla, como Bernardina se lo pedía sin duda, porque era demasiado fiel para olvidar su promesa.

 Un año pasó así. El día aniversario de la muerte de Bernardina, Catherine, estando recogida en oración, percibió un pozo, de donde se escapaban torrentes de humo y de llamas, luego vio salir de este pozo a una persona primero totalmente rodeada de tinieblas y poco a poco la aparición se libró de estas nubes, se alumbró, y por fin pareció brillante de forma extraordinaria. En esta persona, Catherine reconoció entonces a su amiga, y corriendo hacia ella, le preguntó: - " ¿ cómo te quedaste tanto tiempo sin aparecerte?, le pidió ¿ De dónde vienes? ¿ Que significa este pozo, este humo encendido? ¿ Acaso termina solamente hoy tu Purgatorio? " - " Es verdad: desde hace un año, estoy retenida en el lugar de las expiaciones; respondió el alma, y es sólo ahora que voy a ser introducida en celeste Jerusalén; usted, persevere en sus ejercicios santos, y sepa que usted es muy agradable a Dios, y que tiene sobre usted de grandes designios”

  OIGNIES: en el año 1208 de N.-S. vivía, en un pueblo de la provincia de Lieja, a una viuda santa muy querida por la venerable María d' Oignies. Esta mujer enfermó y pronto estuvo in artículo mortis. La venerable acudió a su cabecera para prestarle asistencia y animarla a morir bien. ¡ O prodigio! Entrando en la habitación de la enferma, percibió a la Madre de Dios, sentada al lado de la cama, y que le prodigaba a la moribunda los cuidados más maternales que uno se puede imaginar, inclusive con un abanico refrescaba su frente abrasada por los ardores de la fiebre. Los demonios esperaban en la puerta, armados de todas sus trampas para asaltar esta alma de élite, y tratar de hacerla caer, pero la aparición del apóstol San Pedro ahuyentó a todos  y la enferma murió en el beso del Señor.

 Después de su muerte, las maravillas continuaron; pues durante los funerales, la venerable María d' Oignies vio de nuevo  a Nuestra Señora, acompañada por un tropel de vírgenes que, partidas por la mitad en coros, cantaban el oficio de los difuntos cerca del santo cuerpo; incluso vió a Nuestro Señor dirigir la ceremonia de los funerales y hacer de celebrante en el sitio del sacerdote.

 ¿ Quién habría dudado después de eso sólo, que una alma tan favorecida ya había entrado en la beatitud?

Pero los juicios de Dios pueden ser temibles! La venerable se había retirado a su oratorio, después de esos gloriosos funerales, para agradecer a Dios las gracias que había concedido a esa anciana, pero en un éxtasis vio el alma de esta viuda llevada al Purgatorio y condenada a expiaciones duras para ser purificada de varias expiaciones. Espantada, aviso a las hijas de la difunta, y ellas tres se unieron para satisfacer la Justicia Divina con fervientes oraciones, limosnas, ayunos y grandes mortificaciones. Fue al cabo de bastante tiempo cuando se apareció el alma de la viuda a María de Oingnies, ya librada de sus sufrimientos, entrando en la beatitud eterna. ¿Después de este ejemplo, alguien no tiembla?

 HERMANOS MENORES: en el convento de los hermanos Menores de París, murió un santo monje, al que su piedad eminente había hecho apodar de angélica; uno de sus colegas, doctor en teología, muy versado en la espiritualidad, omitió celebrar las tres misas de obligación que se debe decir por cada uno de los hermanos difuntos. Le parecía que era injuriar a la misericordia y a la justicia de Dios el rezar por un monje muy santo, que debía estar, pensaba, en el más alto grado de la gloria. Pero ya al cabo de algunos días, como se paseaba meditando en una alameda del jardín, el difunto se le presentó totalmente rodeado de llamas, y le gritó de una voz lamentable: " querido hermano, le conjuro, tened lastima de mí. " - " ¡ Eh qué! ¿ Alma santa, cuál necesidad tiene de mi socorro? " - " Estoy retenido en los fuegos del Purgatorio, a la espera de tres misas que usted debía celebrar para mí; si hubieras cumplido esta obligación, ya sería en Jerusalén celeste ". " Lo habría hecho con felicidad, si hubiera podido pensar que usted tuvo necesidad; pero soñando con la vida santa que usted llevaba entre nosotros, me imaginaba que usted ya estaba en posesión de la corona eterna!. ¿ No eras el primero y el más edificante en el coro, en el capítulo, en la oración? ¡ No había un solo punto de la regla al cual usted no fue escrupulosamente fiel! Cada uno le admiraba y le tomaba por modelo, considerando que si pudieran imitarle, llegaría de golpe a la perfección de la vida religiosa. ¿ Pero además de sus obligaciones, no se imponía oraciones, penitencias sin número que hacían su vida un acto continuo de virtud? Nunca pude imaginarme que debería  inquietarme por usted ".

- " Por desgracia, por desgracia, repitió el difunto, nadie cree, nadie comprende con cual severidad a Dios juzga y castiga a sus criatura. Su santidad infinita descubre en nuestras mejores acciones los lados defectuosos, que Le desagradan. Los mismos cielos no están exentos imperfecciones delante de El. Hay que darle cuenta hasta el último denario, usque ad novissimum quadrantem.

" Además esta justicia rigurosa es sólo misericordia, ya que con ella nos aseguramos la posesión de esa eternidad de delicias, que no se podría comprar por muchos sufrimientos y sacrificios. Si usted, con toda su ciencia hubiera comprendido mejor la santidad infinita de Dios, no me habría tratado con tanto rigor! ¡No se dan cuenta el sufrimiento que supone el ansia de DIOS! . El buen monje se dispuso en seguida a celebrar las tres misas solicitadas, y al tercer día, esta alma bienaventurada se apareció para agradecerle pues la prueba estaba terminada, la recompensa iba a comenzar.

 BRIGIDA: en un éxtasis de Santa Brígida,  fue llevada al  Purgatorio, y apercibió, entre muchas otras, a una joven señorita de alta cuna, que le hizo saber cuánto sufría, para expiar sus pecados de vanidad: " Ahora, decía, gimiendo, esta cabeza a la que le gustaba a los adornos, y que procuraba atraer las miradas, es devorada por las llamas en el interior y por fuera, y estas llamas son tan agudas que me parece que soy el punto de mira de todas las flechas soltadas por la cólera de Dios; estos hombros, estos brazos, que me gustaban descubrir cruelmente son estrechados en cadenas de hierro; estos pies, tan ligeros al baile son rodeados de víboras que los muerden y los manchan su baba inmunda; todos estos miembros a los que cargaba de collares, de correas, de flores, de joyas, son entregados a torturas espantosas, que les hacen experimentar a la vez la consunción del fuego y los rigores del hielo¡ Oh! ¡ Mi madre, añadía la condenada pobre, mi madre debería estar en mi lugar! Su indulgencia, peor que el odio, abandonándome según mis gustos de adornos y de gastos vanos me fue fatal. Era usted me conducía a los espectáculos, a los festines, a los bailes, a todas estas reuniones mundanas que son la ruina de las almas. Es verdad, le decía a la Santa, la infortunada, que mi madre me aconsejaba de cuando en cuando algunos actos de virtud, y varias devociones útiles; pero así como, por otra parte, consentía en mis extravíos, bien se encontraba mezclado y como perdido en el mal que me permitía. No obstante, debo dar gracias a la misericordia infinita de mi Salvador, que no permitió mi condenación eterna, al que merecía tan bien por mis faltas. Antes de morir, me confesé, y aunque esta conversión, siendo el efecto del temor, era insuficiente, en el momento de entrar en agonía, me acordé de la pasión dolorosa del Salvador, y llegué así a la verdadera contrición. No pudiendo ya más hablar, exclamé de corazón: Señor Jesús, creo que usted es mi Dios; tened lastima de mí, ô hijo de la Virgen María, en nombre de sus dolores sobre el Calvario. Tengo un pesar vivo de mis pecados y desearía repararlos, si tengo tiempo. Terminando estas palabras, expiré. He sido librada así del infierno, pero para verme precipitar a los tormentos más graves del Purgatorio. " El historiador de la Santa nos dice que ésta, habiéndole contado su visión a una prima de la difunta, que se abandonaba también a la mundanalidad, la impresión que le causó fue tal que renunció a todas las vanidades y  se consagró a la penitencia de forma muy austera. (Revelaciones de santa Brigitte, liv. VI, chap. LII.).

 PINTURA: se trata de estas pinturas malas, que so pretexto de arte, se encuentra algunas veces en casa de los mejores cristianos, y cuya vista causó la pérdida de tantas almas. Un pintor de gran talento, de una vida ejemplar por otra parte, había cedido sobre este punto al mal ejemplo, aunque más tarde había renunciado seguir haciéndolas y pintaba cuadros al menos dignos. Su último obra fue un gran cuadro para un convento de Carmelitas Descalzos, pero al terminar padeció una enfermedad mortal, y pidió al padre Prior el favor de ser enterrado en la iglesia del monasterio, legando su obra a los monjes para pagar misas cuando falleciera. Hacía algunos días había muerto en la paz del Señor cuando un monje que se había quedado en el coro después de maitines, le vio parecer muy afligido, y resistiendo en medio de las llamas: " ¡ Eh qué! ¿ Son castigados así por haber vivido con fama de virtuoso? " - " Cuando he exhalado el último suspiro, respondió el paciente, fui presentado al tribunal del Juez, y en seguida vi depositar contra mí a varias personas que habían sido excitadas malos pensamientos y malos deseos, por una pintura inmodesta que hice en otro tiempo. A causa de esas faltas fueron condenadas al Purgatorio, pero lo peor es que vi otros salidos  del infierno declaraban que, ya que era la causa de su pérdida eterna, era digno por lo menos de los mismos castigos; entonces descendieron del cielo varios santos que tomaron mi defensa; le dijeron al Juez que esta pintura indigna era una obra inicial, que había expiado desde entonces por una muchedumbre de otros trabajos para la gloria de Dios y de sus santos, lo que había supuesto para muchas almas una fuente de gran edificación. El Juez Eterno, después de haber pesado las razones de una y otra parte declaró que a causa de mi arrepentimiento y de mis otras buenas obras, estaba exento de la pena eterna pero, era condenado por sufrir en estas llamas, hasta que la pintura maldita sea quemada para no escandalizar más a nadie. Vaya pues de mi parte, en casa del propietario del cuadro, dígale en qué estado me encuentro y pídale que lo queme.. ¡ Si le niega, desgracia! En prueba que todo esto mismo no es una ilusión, y para castigarlo por su falta, sepa, padre, que dentro de poco ese señor  perderá a sus dos hijos, y si se niega aun a obedecer a las órdenes del que nos creó ambos, no tardará en pagarlo con  una muerte prematura. El poseedor del cuadro enterándose de estas cosas, tardando en hacerlo, se decidió a quemarlo, pero a costa de la muerte de sus dos hijos, pero al final se esforzó en hacer penitencia el resto de sus días por la falta de haber guardado esa pintura maldita! Que pensar actualmente con todas las imágenes que circulan en internet, los semanarios, los periódicos, las vallas publicitarias, … ¡ La cadena de faltas es considerable!

PAMPLONA: la venerable hermana Francisca de Pamplona, cuyas visiones respecto al Purgatorio verdaderamente son autoridad, vio a un cristiano bastante bueno, pasar cincuenta y nueve años en el Purgatorio, a causa de su gusto por el bienestar; otra pasó allí treinta y cinco años por la misma razón, y el tercero, que tenía más en la pasión del juego, quedó allí sesenta y cuatro años.

 BARÓN: el barón Juan Sturton,  noble inglés, era católico en el fondo del corazón, aunque, para guardar las apariencias y no verse perjudicado, asistía a los oficios protestantes. A pesar de la apariencia, escondía en su casa a un sacerdote católico, pensando que con eso tendría la posibilidad de reconciliarse con Dios en el último momento, antes de su muerte. Pero le sorprendió la muerte con un accidente, y como a menudo ocurre, por un justo decreto de Dios, no pudo realizar su conversión. Sin embargo, por la misericordia divina, teniendo en cuenta lo que había realizado por la Iglesia perseguida, le concedió la gracia de la contrición perfecta, pero le tocaría pagar caro su descuido culpable.

Muchos años  pasaron; su viuda de volvió a casar; tuvo niños, y es una de sus hijas, lady Arundell, quien cuenta este hecho, como testigo de cargo.

  « Un día, mi madre rogó al P.Corneille, jesuita de muchos méritos, que debía morir más tarde mártir de la fe católica, celebrar misa para el descanso del alma de Juan Sturton, su primer marido; aceptó la invitación, y cuando estaba en el altar, entre la consagración y el memento de los muertos, se quedó mucho tiempo en oración; después de la misa, hizo una exhortación en la cual contó que acababa de tener una visión: delante de él se extendía un bosque inmenso, que era sólo una hoguera vasta; en medio se agitaba el barón, dando gritos lamentables, llorando y acusándose de la vida culpable que había llevado. Después de haber hecho la confesión detallada de sus faltas, el desgraciado había acabado con las palabras que la Escritura ponía en la boca del mendigo. ¡ Piedad, piedad! ¡ Ustedes por lo menos son mis amigos, pues la mano del Señor me golpeó! Y había desaparecido.

  Mientras que el Padre Corneja contaba estas cosas, lloraba mucho, y toda la familia que lo escuchaba, en total de ochenta personas, también. De repente mientras que el padre hablaba, todos percibieron en la pared donde fue adosado el altar como un reflejo de ascuas, en señal de que lo que decía el padre era cierto. Su familia rezó por él, pero no se supo nada mas del infeliz!

 

EN EL SIGLO XXI. En Francia, en la ciudad de Dragignan, hay un convento de dominicas dedicadas a la enseñanza, y justo al lado hay un cuartel de la Gendarmería. Un día, en el año 2008, ya tarde, los gendarmes llevaron preso a un gitano después de haberle pillado con las “manos en la masa” robando un comercio. Era su delito numero 27, con 22 años de vida. Cuando estaba en una habitación de un segundo piso, pidió que le dejaran fumar, y al soltarle una esposa para que pudiera hacerlo, el gitano rápidamente se escapó por la ventana, saltó al vacío y se fue hacia el convento, trepando por la valla con una mano esposada. Un gendarme le dio el alto varias veces, y a pesar de la oscuridad reinante, le disparó. El gitano corrió para esconderse en el jardín del convento, subiendo a un árbol al pié de una estatua de San José. La madre M Marie de Saint Clement, al oír el consiguiente alboroto, salió a ver qué pasaba, y después de asegurarse que las niñas internas que estaban en el convento no corrían peligro, volvió a donde había escuchado el ruido, en el jardín. Allí pudo presenciar como el gitano cayó del árbol, herido de muerte, al pié de San José. Los gendarmes rápidamente hicieron venir una unidad sanitaria para salvarlo, pero nada pudieron por él. Solo le dio tiempo al cura del convento darle la absolución “sub conditione” Al quitarle la camisa para poder hacerle la “resurrección” con electroshock, la madre M de S. Clement vio como en su  espalda tenía tatuado un Sagrado Corazón, y una frase: Solo Dios me Juzgará. A todo esto, todo el convento púsose a rezar por el pobre diablo.

Al conocer lo acontecido, la familia del gitano se dirigió al cuartel de la gendarmería para vengarse de la muerte de su hijo, pero gracias a la mediación de las monjitas se apaciguaron los ánimos y no fue a mayores. Al cabo de un tiempo la madre del gitano regreso al convento para darle las gracias a las monjitas por sus oraciones, y a pedirles que rezaran todavía más por él, pues se le había aparecido para decirle a su madre que así procediera. Volvió varias veces para pedir más misas y oraciones, que su hijo le mandaba pedir. Ahora las monjitas rezan a este nuevo San Dimas, el buen ladrón, y cosa que el piden del Cielo, cosa que obtienen.

 

2005 Caracas: Este hecho ocurrió en Venezuela, en el año 2005. Una joven, que estaba estudiando en la universidad, se encontró con la necesidad de prolongar su jornada de estudios mucho mas tarde de lo que habitualmente lo hacía. El problema que esto le acarreaba, es que cuando era tan tarde, perdía los enlaces de autobús normales, y para coger un transporte público, no le que quedaba más remedio que pasar por un descampado, ya de noche,  en el que moraban la peor morralla de la ciudad. La joven, vio pues acongojada que no tenia mas remedio que pasar por ese descampado. Se armó de valor, y rezando con gran devoción a las almas del purgatorio pidiéndoles protección, se adentró en él. Al poco de atravesarlo observo como un joven, con muy mala pinta, se quedó mirándola detalladamente y  empezó a acercarse a ella, pero de pronto se detuvo. Ella siguió caminando, hasta que aliviada llegó a una calle normal. A la mañana siguiente, al levantarse, mirando los periódicos de su padre, observo como en las noticias se anunciaba que una muchacha había sido violada y asesinada en el mismo descampado que media hora antes ella había atravesado. Al ver esta noticia se dolió mucho por la muchacha asesinada y decidió contar a la policía lo que ella había visto. Gracias a sus indicaciones, la policía logró detener a ese joven que tan mal la había mirado, y este reconoció que efectivamente había asesinado y violado a esa criatura. Al preguntarle la policía porque no había hecho lo mismo con otra joven que media hora antes había pasado por allá, él contestó que iba a hacerlo, pero se detuvo bruscamente al observar como esa estudiante estaba flanqueada por dos sólidos gallardos que visiblemente la protegían. La policía volvió a interrogar a esta joven, y ella les confirmó que había atravesado el descampado absolutamente sola!!

 

REMORDIMIENTO: un sacerdote estaba sobre su lecho de muerte, y su confesor trataba en vano de excitarle la confianza en Dios; le hablaba del bien que había hecho durante su vida, almas que había salvado. <<¡ Oh! Exclama el moribundo, con una voz desgarradora, usted no me habla del bien qué debía hacer, qué podía hacer y qué no hice; ¡lo que me asusta de momento, son mis omisiones!>>

 

THOLOMEI: he aquí la historia auténtica de una alma llamada a filas del juicio de Dios, por un favor totalmente especial, para empezar de nuevo su prueba terrestre; se trata de la venerable Angèle Tholoméi, la religiosa Dominicana, y hermana del Bienaventurado de este nombre.

Había crecido en la virtud, y por su fidelidad que corresponde a la gracia, había alcanzado un grado de perfección notable, cuando peligrosamente enfermó; su hermano  B. Juan-Bautista Tholoméi, que era ya poderoso en obras delante de Dios, no pudo, a pesar de sus perentorias oraciones obtener curación; recibió pues con piedad los últimos sacramentos y un poco antes de expirar tuvo una visión:  vio el sitio que le estaba reservado en Purgatorio, en castigo de ciertos defectos que no había corregido bastante durante su vida; al mismo tiempo tuvo una visión de conjunto del Purgatorio, y los diferentes suplicios que las almas aguantan allí; después de eso murió encomendándose a las oraciones de su santo hermano.

Mientras que se llevaba su cadáver para enterrarlo, B. Juan-Bautista se acercó al ataúd, y en nombre de N.-S. Jesucristo, mandó a su hermana salir; en seguida se despertó como de un sueño profundo, y volvió a la vida.

Esta alma santa contaba del juicio de Dios cosas que hacen estremecerse; pero lo que, más que todo el resto, probaba la verdad de sus palabras, fue la vida que llevó después; su penitencia era verdaderamente horrorosa; no contenta industrias ordinarias a las austeridades de los santos, los desvelos, los cilicios, los ayunos, las disciplinas, había inventado secretos para martirizar su cuerpo; durante el invierno, se sumía hasta el cuello en un estanque helado, y quedaba allí  horas largas a recitar el libro de oraciones, de otra vez se echaba en las llamas, y se revolvía allá hasta que su carne estuviera totalmente quemada; su pobre cuerpo se había hecho objeto de horror y de piedad; altamente la censurábamos, pero como apenas se preocupaba de eso, y se contentaba con responder a los que encontraban que lo hacía demasiado: <<¡ oh! ¡ Si usted conociera el rigor de los juicios de Dios, usted no hablaría así! ¿ Que es que esto? ¿ Qué esto? Querría hacerlo cien veces más.>>

Después de algunos años pasados en estas penitencias terribles, fue llamada por segunda vez delante de su Juez, y podemos esperar que lo encuentre menos severo, ya que la Iglesia, proclamándole venerable, declaró que había practicado las virtudes cristianas a un grado heroico. Lo que él allí de haber sido muy notable en esta historia, es que no se trata de un pecador que muere en el odio de Dios, se trata de una persona muy  religiosa, totalmente aplicada sobre los deberes de estado, y que, por algunas imperfecciones ligeras al juicio de los hombres, sufre los rigores del juicio de Dios. ¡ Por desgracia! ¡ Pobre pecador que soy, que será de mí, si otras personas justas son tratadas así! (Vita V. Angelae Tholoméi).

 

EMPERADOR: leemos en Gennade (Defensio concilii Florentini, sect. V) que el emperador de Constantinopla Teófilo, iconoclasta y hereje endurecido, obtuvo así un juicio favorable, gracias a las oraciones reunidas de la piadosa emperatriz Teodora y del patriarca santo Método.

El Emperador Teófilo fue uno de los iconoclastas más encarnizados, y los perseguidores más odiosos de la Iglesia católica. Su mujer la emperatriz Teodora, se consumía en ayunos y en oraciones para obtener su conversión; fue otorgada; al final de su vida el emperador detestó sus errores, y murió en sentimientos verdaderos y profundos de penitencia. Después su muerte Teodora rezó e hizo rezar mucho por el descanso de su alma.

El Emperador Teófilo se le apareció cubierto de cadenas, y arrastrado por una tropa de demonios, al tribunal de Dios; ellos todos tenían en la mano instrumentos de tortura; al mismo tiempo, ella seguía esta triste comitiva, tratando, pero en vano, parar la rabia de estos espíritus malos. Llegaron así delante del tribunal del Juez; éste tenía una cara irritada y los demonios le presentaron al desgraciado, pidiendo a gritos una sentencia de condena contra el perseguidor que había vertido la sangre de los santos. Entonces Teodora, acercándose al trono, se echó a los pies del Cristo, representándole humildemente la penitencia de su marido a la hora de la muerte, las oraciones que no dejaba de ofrecer y de hacer ofrecer cada día para el descanso de esta alma; de repente la mirada del juez se suaviza: <<mujer, respondió, tu fe es grande. Su marido había merecido ser condenado, pero, a causa de usted, en consideración a las oraciones de mis sacerdotes, le concedo su gracia.>> luego dirigiéndose a los ejecutores de su justicia:

< <Desátenlo y devuélvanselo a su mujer.>>

Al día siguiente por la mañana, la emperatriz le contó este sueño al santo patriarca Método, que había sufrido mucho del emperador a causa de su fe, y como obispo estuvo multiplicando sus oraciones y sus buenas obras para Teófilo. Pero, la misma noche, había tenido un sueño, él también; parecía estar en la iglesia de Santa-Sofía, cuando un ángel se le apareció y le dijo:>> tus oraciones, ô pontífice, han sido otorgadas, y Teófilo obtuvo su gracia.>> al día siguiente por la mañana, había ido a la iglesia y había encontrado allí la confirmación de su visión; tenía la costumbre piadosa de escribir sobre una pequeña libreta los nombres de los principales iconoclastas, y de dejar este libro sobre el altar, para recomendárselos a Dios ofreciendo divino sacrificio; el emperador naturalmente estaba entre los nombres de esa lista; Aquel día, su nombre se borro milagrosamente. El emperador Teófilo, a pesar de sus faltas, había encontrado un juicio misericordioso, gracias a las oraciones que se habían ofrecido por él.

 

SOLDADO BRIGITTE: escojo, entre estas revelaciones, la que fue concedida a santa Brigitte (Révél ., liv. VI, ch. Xxxv).

Se trata de un soldado de quien vino el alma a comparecer delante de su Juez, en el momento de la muerte. Este hombre había practicado varias virtudes durante su vida; era caritativo, a menudo rezaba y con fervor, y, en medio de las posibilidades de los campos de batalla, se entregaba al ayuno y a la mortificación; sin embargo, tenía también bastantes faltas que reprocharse, como se va a ver. La santa vio su alma en el tribunal de Dios, teniendo a su derecha su ángel de la guarda que servía para él de abogado, y, a su izquierda, el demonio que hacía la función de acusador, accusator fratrum, como le llama santo Juan en el Apocalipsis; éste le criticaba particularmente tres faltas: primero, de haber pecado por los ojos, mirando con complacencia desnudeces y otros objetos peligrosos; en segundo lugar, de haber pecado por la lengua, pronunciando palabras obscenas, juramentos y maldiciones; en tercer lugar, de haberse manchado de toda clase de lujuria y de toda clase de hurtos. El ángel de la guarda traía, para su defensa, los actos de virtud que había cumplido durante su vida, y particularmente su devoción tierna a la Virgen Santísima, devoción que le había valido, a la hora de la muerte, la gracia de la contrición.

Tan oída la causa, el Juez pronunció la sentencia; perdonó a este hombre del infierno; pero lo condenó a un purgatorio largo y doloroso, y declaró que la expiación estaría conforme con las faltas cometidas. Entonces, la Madre de las misericordias se presentó, pidiéndole a su Hijo una dulcificación a tantos suplicios; recordaba que este soldado siempre se había mostrado a su devoto servidor, y que ayunaba regularmente en vísperas de sus fiestas. Nuestro Señor, a la oración de su Madre, suavizó el rigor de su sentencia, y añadió que, para obtener la liberación completa de esta alma, harían falta muchas oraciones, limosnas y penitencias.

 

DAGOBERT: un obispo de Poitiers, nombrado Ansoald, había hecho el viaje a  Sicilia para ocuparse de asuntos de su iglesia; a su vuelta, una tempestad furiosa lo asaltó en el Mediterráneo, y lo echó en una pequeña isla a mitad desierta; encontró allí a un ermitaño piadoso, con quien mantuvo mucho tiempo conversación con cosas de Dios y de felicidad de los santos; al final, la conversación cayó sobre el país de donde venía, y sobre el rey de Francia, Dagoberto, al que el prelado hizo el elogio más magnífico; el ermitaño  lo interrumpe: « usted parece ignorar, dice, que desde su salida de Francia, este príncipe ha pasado a mejor vida. »

Al ver la sorpresa causada, el solitario, para convencerle, le relató una visión que había tenido, algún tiempo antes. « Una mañana, cansado de la víspera larga pasada en oraciones, me había dormido, y de repente, veo aparecer delante de mis ojos un viejo venerable que me toma por el brazo, me sacude y me despierta gritándome: rápido, levántese y póngase en oración con el fin de implorar divina misericordia para el rey Dagoberto, cuya alma apareció hoy delante de Dios; me levanto, comienzo a rogar, cuando percibo de repente, sobre los flujos del Mediterráneo, una tropa de demonios que conduce al rey en una barca y se dirige hacia el volcán de Stromboli, de donde se lanzan continuamente llamas de la lava; al mismo tiempo que lo empujaban, lo golpeaban, lo torturaban de todas las maneras; el príncipe pobre invocaba con gemidos, los santos patrones de Francia, el santo Denis, santo Mauricio y santo Martín, suplicándolos se acordasen de las iglesias magníficas que les había edificado durante su vida  y de socorrerle en esta extremidad. Un momento después, el cielo se cubrió de nubes, un rayo cae, los demonios son derribados, y vemos aparecer brillos de la gloria de los bienaventurados los tres santos a los que el rey había invocado: ¡ oh! ¿ Quién es, exclama con una voz suplicante, quien viene por fin a mi socorro? - somos los mártires, Denis y Mauricio, y éste es el obispo Martín de Tours: porque nos invocaste, y porque durante tu vida te mostraste fiel servidor, venimos, a tu socorro, a sacarte de las manos de los demonios y llevarte a la eternidad bienaventurada. En seguida, a pesar de los gritos de rabia de los espíritus infernales, les arrancaron a su víctima todavía toda temblorosa, y, colocando al príncipe en medio de ellos, se lo llevaron al cielo cantando: Beatus quem elegisti y assumpsisti, Domina; inhabitabit in atriis tuis, replebitur in beneficios domus tuæ. »

Tal fue el impacto producido por la visión, que el obispo, habiendo vuelto a su diócesis, hizo saber esta visión y observaron que correspondía justamente a la muerte de Dagoberto. Es por eso que está grabada toda esta historia en el mármol de su tumba donde él descansa y donde cada uno puede verla también.

POBRE CHICA: una monja santa, nombrada hermana Catherine de Saint-Agustín, tenía la devoción excelente de rezar por todos los difuntos que había conocido sobre la tierra; entonces, en su país, vivía una mujer de mala vida, nombrada María; los escándalos de esta desgraciada eran tales como los habitantes del lugar, indignados por su conducta, la echaron del país. Se retiró en los bosques, y al cabo de algunos meses murió sin asistencia y sin sacramentos en una cueva abandonada; trataron su cadáver como el de una bestia muerta, y la enterraron en un campo sin ninguna oración; nadie dudaba que la vieja pecadora, después de un final tan mísero estaba irremediablemente condenada, y nadie rezó por ella, y la hermana Catherine no más que otras; cuatro años pasaron; al cabo de este tiempo, la hermana percibió un día una alma del Purgatorio que le dice gimiendo: « Hermana Catherine, soy muy desgraciada; ¡ ustedes todos tiene la caridad de recomendarle a Dios a los de su conocimiento qué vienen a morir, soy yo la única por la que usted no reza! "-" ¡ Eh! ¿ Quién es pues? "-" soy esta pobre María, que murió sola en la cueva. »

- « ¡ Eh! ¡ Qué, María, estas salvada! » - « Estoy  salvada por la intercesión de la Virgen María. Que me vio cerca de la muerte, la única, sin ningún socorro espiritual ni corporal, considerando al mismo tiempo el número y la enormidad de mis pecados, me volví con confianza hacia la madre de Dios, y le dije: ô mi Reina, usted es el refugio de los pecadores y de los dejados; usted ve que en momento supremo, estoy abandonada por todos, usted es mi única esperanza; sólo tú puedes socorrerme; tened piedad de mí, os lo ruego. La Virgen bienaventurada otorgó mi oración, y me obtuvo la gracia de la contrición perfecta, así es como morí y  fui salvada. Esta divina Madre no limitó allí sus misericordias; cuando comparecí al juicio delante de Dios, consiguió a su Hijo que mi pena en el Purgatorio sería considerablemente abreviada; pero así como la justicia de Dios no puede aflojar nada más de sus derechos.  Actualmente, no necesito más que algunas misas, y tan pronto como se recen, seré librada de todas mis penas; sea bastante caritativa para hacerlas celebrar para mí, y le prometo, cuando estaré en el cielo, de rezar sin cesar a Dios y María por usted. » Hermana Catherine se apresuró hacer decir las misas solicitadas, y algunos días después, esta alma bienaventurada se le apareció en su subida al cielo, y le agradeció por su caridad.

SANTA PERPETÚA: de santa Perpetúa, escritos en gran parte por la santa misma en su prisión; entonces, en estos actos, que remontan al siglo tercero, encontramos expresada explícitamente la fe en el Purgatorio. 

Quiero citar por entero este pasaje: la Santa, después de haber hablado de circunstancias de su detención, y primeros días pasados por la prisión, en la compañía de los confesores santos de la fe, prosigue en estos términos: “ cuando estábamos todos rezando, escapó de mí  nombrar a Dinócrate, y me asombro que hasta ese momento no me acordara de él. El pensamiento de su desgracia me afligió, y conocí al mismo tiempo que era digna de rezar por él, y al mismo tiempo que le debía. Comencé pues a hacerlo con fervor, gimiendo delante de Dios, y, la misma noche, yo tuve esta visión:

   “ Vi a Dinócrate salir de un lugar tenebroso, donde había varias personas; estaba muy caliente y devorado de sed, la cara sórdida, la tez pálida, la cara todavía roída por la úlcera de la que murió. Este Dinócrate era mi hermano según la carne; a los sietes años de edad, desgraciadamente murió de un cáncer en la cara, que lo hacía un objeto de horror a todos los que lo veían. Era por él que había rezado. Entonces, me parecía que había una gran distancia entre él y yo, por suerte nos era imposible acercarnos uno del otro. Cerca de él estaba un estanque lleno de agua, cuyo borde era más alto que la talla del niño; se alargaba para beber, y aunque hubo agua en abundancia, no podía alcanzarlo, lo que me afligía mucho. Me desperté, y supe que mi hermano estaba afligido, pero yo tenida confianza que podría aliviarle. Comencé pues a rogar, para pedir a Dios, día y noche, con lágrimas, que me acordara su gracia; continué así hasta que fuimos trasladados a la prisión del campo, para ser dados en espectáculo, a la fiesta de César. El día que estábamos en las viñas, yo tuve otra visión, vi el mismo lugar de antes y Dinócrate, el cuerpo nítido, revestido de bellos vestidos, y ya no tenía la cicatriz en el sitio de la herida. El borde del estanque que había visto, fue bajado hasta el ombligo del niño, y había allí un frasco de oro, para sacar agua. Dinócrate que pues se había acercado, comenzó a beber de esta agua, sin que bajara el nivel; cuando se hubo hartado, dejó el estanque con alegría para ir a jugar, como hacen los niños de su edad; me desperté sobre eso, y conocí por ahí que mi hermano en lo sucesivo estaba fuera del Purgatorio ” (Acta sanctae Perpetuae, apud Bolland. 7 martii.

ODILON: a finales del décimo siglo, vivía en Cluny un santo abad nombrado Odilón, es a él que se debe la conmovedora institución de la fiesta de los muertos, que desde entonces se celebra cada año en la Iglesia el 2 de noviembre, al día siguiente al día en que  la Iglesia celebra en la fiesta de todos los santos las alegrías de la Iglesia triunfante; he aquí en que ocasión esta fiesta fue instituida.

   Un monje del país de Rouergue que había visitado los lugares santos de Jerusalén, se embarcó sobre mar para volver a su país, y fue echado por la tempestad a una isla desierta, cerca de las costas de la Sicilia, tan conocidas por sus volcanes, y allí encontró  a un solitario piadoso que lo instruyó largamente de las cosas de Dios. Al final, el ermitaño, se informó de su país, y que sabía que era de Aquitania, y le pidió si el monasterio de Cluny estaba en esta comarca, y si conocía al abad, nombrado Odilón. El monje que le había respondido que perfectamente conocía al abad de Cluny y su monasterio, quiso saber a su turno por qué le hacía esta petición: “ Hay cerca de aquí, respondió el ermitaño, unos lugares subterráneos, de donde se escapan a cada instante del día y de noche las llamas y los torrentes de humo, se oyen gemidos, en medio de estas conflagraciones espantosas, las almas de los que todavía no satisficieron totalmente sus pecados. Últimamente oí a los demonios, que son los ejecutores de la justicia de Dios en estos lugares, quejarse y lamentarse, diciendo que Odilón por sus oraciones y sus buenas obras les quitaba un gran número de estas almas; es por eso que, cuando usted esté de vuelta en su país, le ruego que usted vaya a ver a Odilón de mi parte, y que usted le cuente escrupulosamente todo lo que le digo, con el fin de que él y sus amigos hermanos continúen cada vez más sus oraciones, sus ayunos, sus limosnas para estas almas pobres, para que pronto sean libradas de tales penas. El monje, de regreso a Cluny, no dejó de contarle, en el capítulo, a Odilón, aquello que se había enterado en su viaje. - el abad, impactado por esta visión, hizo un decreto general para todos los Monasterios que dependían de Cluny, por el cual el 2 de noviembre fue consagrado a la memoria y al alivio de los difuntos fieles retenidos en el Purgatorio; de estos Monasterios de Cluny pasó poco a poco en la Iglesia, y el papa Juan XVI lo extendió a la Iglesia universal por decreto apostólico.

 GERTRUDIS: he aquí lo que leí en Santa Gertrudis: una joven monja de su monasterio que singularmente le gustaba a causa de sus grandes virtudes había muerto en los sentimientos más bellos de piedad  y mientras que ella recomendaba ardientemente esta querida alma a Dios, en un éxtasis,  percibió a la difunta delante del trono de Dios rodeada de una aureola brillante y cubierta de trajes ricos , pero sin embargo parecía triste y preocupada y con sus ojos bajados como si tuviera vergüenza de parecer delante de la cara de Dios. Hubiésemos dicho que quería esconderse y huir. Gertrudis totalmente sorprendida pidió al divino Marido de las vírgenes la causa de esta tristeza y de esta confusión extraordinaria: " ¿ Jesús muy dulce, exclamó ella,  por qué en su bondad infinita no invita a su esposa que se le acerque y a que entre en la alegría de su Señor? ¿ Por qué no le abre sus brazos y la deja aparte triste y temerosa? " Entonces Nuestro Señor mandó a esta buena monja acercarse y le sonreía con amor,  pero ella, cada vez más enturbiada y vacilante hizo una gran inclinación y se alejó entonces” Santa Gertrudis todavía más asombrada se dirigió directamente al alma: ¡ pues bien! ¿ Mi hija, el Salvador le llama y usted se aleja cuando usted deseó esta felicidad toda su vida y ahora que está llamada a gozar de eso usted no tiene más que de la frialdad no ve al buen Jesús que le espera? " Oh mi madre respondió esta alma, no soy todavía digna de presentarme delante del Cordero inmaculado, me quedan unas manchas que contraje sobre la tierra;  para acercarse al Sol de justicia hay que ser más puro que un rayo de luz; todavía no tengo esta pureza perfecta que le gusta contemplar en sus santos. Sepa que aun cuando la puerta del Cielo me sería abierta no me atrevería a entrar antes de ser totalmente purificada de las manchas más pequeñas; me parece que el coro de las vírgenes que sigue al Cordero en cualquier lugar me rechazaría muy lejos. " " ¡ Eh qué! ¡ Repitió la abadesa santa!¡ os veo sin embargo rodeada de luz y de gloria! " - " lo que usted ve, respondió el alma, es sólo un trocito de gloria. La inmortalidad es otra cosa cuando se ve a Dios y lo posee para siempre, pero para esto no hay que tener ni una sola mancha.

 ZAMORA: en Zamora, ciudad del reino de León, en España, vivía, en un convento de dominicanos, un buen monje que había empezado una amistad estrecha y santa con un franciscano, como él, hombre de gran virtud; un día que causaban entre ellos cosas eternas, se prometieron mutuamente que el primero que moriría, aparecería en el otro, si a Dios le placía, para instruirlo de su suerte en el otro mundo. Fue el menor hermano quien murió el primero; cumplió su promesa, y un día que el hijo de Santo Domingo preparaba el refectorio, se le apareció, y después de haberlo saludado con afecto, le dijo a su amigo que fue salvado pero que le quedaba mucho sufrir, por una infinidad de pequeñas faltas de la que no había tenido bastante tiempo de arrepentirse durante su vida. " Nada sobre la tierra puede dar, le dice, una idea de estas torturas; ¿ quiere una prueba sensible? " Extendió la mano derecha sobre la mesa del refectorio; la marca se hundió allí tan profundamente como si se hubo aplicado sobre eso un hierro rojo. Podemos darnos cuenta de la emoción del dominicano. Esta mesa se conservó en Zamora hasta finales del último siglo; después, las revoluciones la eliminaron, como tantas otras memorias interesantes para la piedad.

 

 CARMELO: Sabemos cuál era el fervor de las primeras compañeras de santa Teresa, de estas almas de élite que se había asociado, para la reforma del Carmelo. Sin embargo, a pesar de su santidad, a pesar de sus heroicas penitencias, casi ellas todas pasaron por los suplicios del Purgatorio. He aquí lo que la Santa misma cuenta de una de ella (Vida de santa Teresa, escrita, chap. XXXVIII): " una monja de este monasterio, gran criada de Dios, había fallecido, no había todavía dos días; celebrábamos el oficio de difuntos para ella en el coro, una hermana leía una lección y estaba de pie para decir el versículo; a la mitad de la lección, vi el alma de esta monja salir del fondo de la tierra e ir al Cielo ".

 " En el mismo monasterio acababa de morir a la edad de dieciocho a veinte años otra monja, verdadero modelo de fervor, de regularidad y de virtud; su vida había sido sólo un tejido de enfermedades y de sufrimientos pacientemente aguantados. No dudaba que después de haber vivido así, había ganado bastantes méritos para ser exenta el Purgatorio; sin embargo mientras que estaba en el oficio, antes de que la enterraran ,  cerca de las cuatro horas después de su muerte, vi su alma también salir de tierra e ir al Cielo ".

 

HERMANA PAULE: una religiosa Dominicana, nombrada hermana Paule había muerto en Mantúa, después de una vida larga santificada por las virtudes más excelentes. El cuerpo había sido llevado a la iglesia y colocado al descubierto en el coro, en medio de monjas; entonces, mientras que se cantaba Libera nos para la absuelta, según los ritos de la Santa Iglesia, el bienaventurado Etienne Quinzana, vinculado por una amistad estrecha con la difunta, se arrodilló cerca del ataúd, y empezó a recomendar a Dios su amiga, con todo el fervor del que era capaz. Pero, de repente, la difunta, abandonando  el crucifijo que se le había puesto entre las manos, extendió la mano izquierda, y cogió la mano derecha del bienaventurado con tanta fuerza que no se podía soltarse de ella. Durante más de una hora, estas dos manos quedaron estrechamente apretadas; al mismo tiempo, el hermano Etienne oía en el fondo de su corazón una voz no articulada que decía: " Socórrame, mi hermano, socórrame en los suplicios horribles que aguanto; ¡ oh! ¡ Si usted sabía la rabia de nuestros enemigos invisibles a la hora de la muerte, y la severidad del Juez qué quiere nuestro amor, con qué detalle las menores faltas son discutidas, y cual expiación se es condenado por hacerlo antes de llegar a la recompensa! ¡ Si usted sabía cómo se debe ser puro para obtener la corona inmortal! Rece bien por mí ahora; colócate entre la justicia de Dios y las faltas de su sierva: ruegue, rece y haga penitencia para mí que yo no puedo ayudarme ". Toda la comunidad veía con estupefacción este abrazo de ambas manos, aunque nadie oyó las quejas de la difunta; por fin el superior intervino y, en nombre de la obediencia, mandó a hermana Paule soltarse de Etienne. En seguida la muerta obedeció, y su mano recayó inanimada en su ataúd.

 La historia del bienaventurado relata que fue fiel a la oración de su amiga; se entregó a toda suerte de penitencias, de obras satisfactorias, hasta que una nueva revelación le dijo  que hermana Paule fue librada por fin de sus suplicios y admitida en la gloria.

 

Próximamente publicaremos más, tenemos cerca de 150 historias reales que contar, pero nos hace falta un poquito de tiempo para la "mise en page".

 

 

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Este sitio se actualizó por última vez el 04 de octubre de 2012